Una hora y media antes de que mi chico se fuera a trabajar, (insonme, yo) me doy cuenta de que no le lavé el único ambo que tenía disponible para usar hoy, el cuál había recontra mega hiper chivado ayer.
Esto me pasa por pelotudear en lugar de fijarme en las cosas importantes! me dije. Qué hago!? Yo le prometí que mientras yo viviera (a menos que sea por fuerza mayor) él JAMÁS iba a volver a irse a trabajar con un ambo sucio, no puedo fallar a mi palabra así. Me mandé y lo lavé (a mano claro, porque no tenemos lavarropas acá).
Bueno lavé sólo la parte de arriba que era la que estaba super chivada, no me animé a lavarlo todo porque además el pantalón no estaba sucio (si, lo olí!).
En un acto desesperado por secarlo en microsegundos prendí la estufa y lo puse encima, pero estaba empapado y no iba a ser suficiente.
Pensá, pensá, pensá Natalia! Y entonces mientras miraba con angustia hacia la nada en la cocina de repente mi vista se fijó en un punto y me iluminé. EL HORNO!
Puse el ambo en el horno, si. Se secó para cuando él se levantó. Con un beso y el desayuno listo en la mesa le dije "mi amor, tenés la novia más grossa del mundo".
A veces me zarpo en grositud, lo sé. Gracias. U_U