Hace casi 8 meses que se murió mi mamá. No puedo explicar el dolor inmenso que me causa su pérdida. Mi mamá y yo tuvimos una historia de muchos encontronazos, pero también de mucho amor y cuidado incondicional.
La noche anterior a que se fuera dormí abrazada a la cama. Los pies ya se le empezaban a poner morados porque la circulación ya empezaba a menguar. Entonces yo iba y se los masajeaba hasta que tomaban color de nuevo. Su piel estaba muy seca. Entonces le pasé crema por brazos y piernas. Le puse gotitas en los ojos. Esos ojos azules tan pero tan hermosos que ella tenia…
Las enfermeras venían y me miraban con compasión. Creo que los geriátricos no ven a muchos familiares tan desolados como lo estaba yo.
Yo no quería que estuviera en una residencia. Ella tampoco quería. Yo quería que estuviera en casa, con sus nietos que eran la luz de sus ojos y el único motivo por el que aceptó venir a España, con Leandro a quien ella amaba como a un hijo, y conmigo.
Yo le prometí a ella que jamás la iba a dejar sola. Y no lo hice. Estuve con ella hasta su ultimo respiro. La vi dar su ultimo respiro mientras le masajeaba los pies.
Cuando la vi, se me cortó la respiración a mi también. “¿Ya está??”, le dije a Leandro que por suerte había llegado unos minutos antes. “Si, gorda”, me dijo . Me tire encima de ella a llorar y decirle que la amaba con toda mi alma mientras la besaba. Lean la besó también y se puso a llorar. Los dos nos abrazamos.
No puedo explicar lo partido que tengo el corazón desde ese dia.
Entiendo que los duelos llevan su tiempo. Y que 8 meses es muy poco tiempo para una pérdida tan inmensa. Pero todavía no puedo hablar de ella sin largarme a llorar.
El dia que fui a buscar sus cenizas al tanatorio, fue devastador. Fui sola. Tendría que haber ido con alguien…
Fui y en recepción dije que venia a buscar una cenizas, mientras la chica iba a buscarla se me empezaron a caer las lagrimas. Ella me las dio, salí y me senté en las escaleras de la explada de la entrada, me abracé a las cenizas y mientras esperaba el taxi, me largue a llorar.
A los minutos sale la chica que me atendió y viene hacia mi y me pregunta “era tu mamá?”, “si” le dije. Me dijo que lo sentía mucho y me preguntó si quería volver a entrar. Le agradecí, le dije que estaba bien y que estaba esperando un taxi. No me pregunten por qué per sentí que esa chica era mi mamá viniendo a consolarme…
No me imagino que el personal del tanatorio saga a consolar a todos los familiares de las decenas de muertos que pasan por ahí… pero qué se yo. Tampoco me siento especial ya, después de tantas desilusiones. Pero prefiero pensar que mi mamá estaba en ese momento conmigo.
Es difícil pasar por un duelo así, mientras ya me sentía duelar muchas otras cosas… a mis amigas, mi estilo de vida, lo quería ser y hacer y no fui ni hice, mis cosas, mi juventud, mis vínculos, lo que quería que fuera y no fue…
Me estuvo y está costando mucho poder atravesar todos estos duelos.
A veces siento que debería reinventarme. Otras que no me queda más que desaparecer. Y cuando digo desaparecer, no estoy hablando de ideas suicidas ni mucho menos. Sino de dejar de existir como la persona que fui. Lo cual, creo, sería matar mi esencia, porque no entiendo otra manera. No sé cómo se hace. No quiero resignar todo lo que tuve y todo lo que quise a que se desvanezca en la nada. No lo puedo aceptar.

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